Duele. Me duele y como siempre lo guardo para mi, ahogo mis sollozos entre las sábanas mientras me siento estúpida.
Y es que a veces pienso que estoy enamorada de la idea que tengo de ti, a veces pienso que no conozco a la persona a la que necesito, y a veces pienso que somos demasiado distintos.
Si supieses la mitad de las veces que mi cama fue testigo de mis lloreras, de mi impotencia, de mi rabia, de mis dudas... Si tan solo fueses capaz de imaginarlo... Estoy segura de que las cosas no serían así.
E igual tienes demasiado fácil hacerme daño, quizás soy muy exigente, cabezota o pesada; pero una cosa la tengo clara: yo haría lo que fuese por ti.
Y es por eso por lo que no lo entiendo, no entiendo como permites que la única cosa que me molesta que hagas, que dejes de ser tu, me destroce.
Supongo, y espero, que no serás consciente de que si, duele. Y aunque parezca ridícula, me sacas unas cuantas lágrimas, en silencio, y me encoges un poco el corazón.
Y tu, mientras tanto, ni tan si quiera lo imaginas; no lo entiendes... Pero es que yo, tampoco te entiendo.
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